sábado, 25 de diciembre de 2010

Jirí Trnka

Pilsen (Austria), 1912 - Praga, 1969 Ya le tocaba a Jirí Trnka, enorme exponente de la animación checa. LLega al cine tras su experiencia teatral, puesto que en 1936 crea un teatro de marionetas en el que trata tanto fábulas como historias de corte más realista, y también después de trabajar como afamado -y extraordinario- ilustrador. Tras el paréntesis impuesto por la guerra, en 1945 funda la productora Bratri v Triku ("Los hermanos en camiseta") con la que realiza numerosos filmes de dibujos y muñecos animados en stop motion. De 1945 es El abuelo plantó una remolacha, y de 1946 Los animales y los bandidos -un ballet animado con el que se hace notar en el Festival de Cannes, recibiendo un premio-, El regalo y El saltador y los hombres de las SS, este último corto claramente antinazi. En 1947 produce el largometraje El año checo, una maravilla centrada en las leyendas y supersticiones de Checoslovaquia. En 1948 realiza El ruiseñor del emperador, a partir de un cuento de Andersen. De 1949 son Historia de un contrabajo (Story Of The Bass Cello) (1949)[1ª parte] o el corto paródico tipo western Canción de la pradera, y en 1950 Bajaja, otro largo que narra la historia de un campesino convertido en caballero que para conquistar a una princesa debe matar a un dragón. Después vendrá El alegre circo (1951)[1ª parte] y Sombras chinescas (1953). También en 1953 filma la que está considerada su obra maestra, Viejas leyendas checas, retomando y profundizando en los temas de El año checo, y tras un periodo en que sus obras declinan hacia un cierto manierismo (A Drop Too Much (O sklenicku víc) (1954), el largometraje El sueño de una noche de verano (1958)[fragmento], La abuela cibernética (1962)[1ª parte], El arcángel Gabriel y la señora Oca (1964) [1ª parte]), surge una nueva fase de originalidad creativa que culminará con Maxplatte, maxplatten (1965) y especialmente con La mano (1965)[1ª parte], película comprometida y nada alegre que nos narra la historia de un escultor que lucha contra la muerte mientras debe esculpir una mano gigantesca, símbolo del poder opresivo. Cuatro años después, Trnka fallece.

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